domingo, 25 de mayo de 2008

Entrevista con Eduardo García (I)



José Mª Gilarte
Ibrahim Rivas

Esta entrevista a EDUARDO GARCÍA se realizó hace algún tiempo. Coincidiendo con la presentación de su nuevo libro, la publicamos en el blog. La retiramos temporalmente y ahora, después del encuentro con los grupos de 2º de bachillerato, el jueves 22 de mayo, os damos la ocasión, a quienes no la leísteis, de poderlo hacer de nuevo. Hemos intentado llegar al aspecto más humano de la persona, dejando más de lado su faceta de escritor (aunque también nos referimos a ella). Tenemos que agradecer a Eduardo la paciencia demostrada con nosotros y el tiempo que ha tenido que dedicar a revisar algunos diálogos para ayudarnos a mejorar su transcripción. La vamos a ofrecer en tres partes para facilitar más su lectura.

¿Cómo definirías los años que llevas en la enseñanza?

Una experiencia personal apasionante.

Todos sabemos que has viajado por todo el mundo, de todos lo sitios que has visitado ¿ con cuál te quedarías ? ¿ te irías a vivir allí?

Ufff... ¡qué pregunta, dios mío!. Hay lugares extraordinarios para visitar, pero para vivir en ellos no, en absoluto. Egipto, México o la India son experiencias inolvidables. Pero para vivir en ellos... Debe de ser durísimo, no me imagino. Hay un choque cultural tan fuerte, son tan distintos a nosotros en tantas cosas que no sé si podría adaptarme, ni si querria hacerlo, porque ¿para qué? Me siento muy cómodo en Andalucía.

Donde sí tendría la duda razonable es en Brasil, pero es que Brasil es para mí un país donde no voy de viaje. Es un país donde nací y pasé mi primera infancia. Sí hay un pedazo de mi vida que se desarrolló en el trópico y hay para mí algo de afectivo con el país, con la lengua, con la música... Incluso con el cachondeo, con el humor. Tienen mucho humor los brasileños. Es verdad que allí me siento un poco como en casa, pero quizás viviría en Brasil un tiempo, para darme el gusto de volver a las raíces no?, pero no creo que me quedara. La vida ha avanzado y ahora soy el que soy. He vivido en España casi toda mi vida. En realidad soy de aquí. Pero sí me iría allí un tiempo, por la experiencia. Y no digo yo que no lo acabe haciendo, jajajaja. ¡Que si se me presenta la oportunidad...! Quizás este mismo verano vaya, también a actos literarios, a un congreso de escritores en la Biblioteca Nacional de Brasilia.

-¿ Cuándo empezó usted a pensar en que quería ser profesor de filosofía?


Más bien mayorcito. Mi primera vocación fue ser escritor. Muy niño, a los 8, 9 o 10 años fantaseaba con ser escritor. Porque leía mucho y disfrutaba muchísimo con los libros que leía. Los personajes me fascinaban. Empecé a fantasear muy niño, muy niño, con ser escritor. Sólo despues pensé en ser poeta, eso vino más tarde. Lo de la filosofía fue a los 14 ó 15 años, cuando me hablaban de una asignatura que tendría en 2ºde BUP. Aquello me llamaba la atención. Luego de hecho la estudié y me gustó mucho, me encantó, me quedé enganchando hasta ahora. E hice un proyecto de vida en torno a mi gusto por la filosofía. Creo que a los 16 ó 17 años ya quería ser profesor de filosofía y escritor, dos cosas que podía ser a la vez; que mis mañanas fueran con Platón y Aristóteles y las tardes para leer y escribir.


¿Usted sabe que es un maestro muy nombrado? No por ser maestro de filosofía sino por su personalidad, su forma de ser, ¿qué dice usted al respecto?


Nunca sabré del todo lo que piensa el otro lado. Creo que alumnos y profesores, cada uno representa su papel. De nada vale imaginar demasiado lo que piensa el otro de uno. O si no imagínate ¿no? ¡Menuda paranoia nos entraría a todos! El profesor a veces da todo por el alumno, que a su vez puede despreciarlo; esto es parte del juego de la educación. A nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Yo tambien fui adolescente y sé lo que pasa. No, no pienso mucho en qué pensará el alumno de mí. Me limito a hacer lo que creo es mejor para el alumno.
[...]
Habláis de la seriedad. Bueno, es que vuestra educación es una cosa seria, importante. Es más, creo que es bueno que observéis mi actitud de seriedad hacia vuestro trabajo. Es bueno que os acostumbréis a demostrar en los exámenes el esfuerzo realizado y es algo en lo que hay que ser honesto, honrado. No se puede ser tramposo. Más que nada porque vais a necesitar ese esfuerzo y esa honradez cuando salgáis de aquí. En el mercado de trabajo la seriedad es absoluta, no hay tonterías. Y en la universidad tampoco os van a permitir jugar con fuego como si fuérais niños chicos.
Entonces creo que lo que llamáis seriedad es en realidad que os trato con respeto, no como a niños y, si te das cuenta, en clase, yo sí me lo tomo en serio. Te tomo en serio; como persona creo en ti y en tu futuro. Bien, ahora demuéstramelo. Pero vamos, que también nos reímos lo nuestro, no me digas. No os quejaréis, que por espectáculo en clase no os falta. ¿A que no?
La verdad es que soy serio porque hay que representar unos papeles. A mí me ha tocado ser profe y a vosotros alumnos. Vuestro papel, la situación. Os aprecio, os tomo en serio, sí. Es que creo mucho en esta profesión. A lo mejor lo percibís de esa manera, pero creo que educaros es regalaros algo. Ya después, si lo cogéis o no, sois muy libres. Yo pienso que en mi propia vida, lo que me enseñaron me ha hecho lo que soy, y lo valoro mucho. Sobre todo algunos profesores que tuve... A mí me ha valido la pena, es lo que quiero decir. Y hago con vosotros lo que conmigo valió la pena; lo que valoro es lo que me dieron.